Los beneficios de la sostenibilidad social en las empresas


ESADECREAPOLIS acogió el pasado día 11 de febrero la segunda sesión del programa Innovation Best Practices Exchange (IBPE) in Business Sustainability dedicado a la Sostenibilidad Social. Esta es la sexta edición del programa y la primera dedicada a la Business Sustainability, que se alargará hasta mediados de mayo y contará con tres sesiones más. Paralelamente se están celebrando sesiones de IBPE en Innovation Management y en Corporate Venturing.

El consultor y cofundador de Business & Human Rights, Juan Andrés Cano, inició la sesión con una ponencia titulada “Sostenibilidad: derechos humanos, cadena de valor, empresa y competitividad”, dónde desgranó cuáles serán los pasos a seguir en los siguientes años para crear unas empresas más sostenibles y más respetuosas con el mundo que las rodea.

Según Cano las empresas buscan establecerse como “organizaciones competitivas, productivas y perdurables” por lo que o bien cumplen con una responsabilidad social de mínimos, por ética o por un mínimo operacional o lo hacen por máximos, es decir, para conseguir ser más competitivoso mejorar su estrategia empresarial.

Sean cuales sean las motivaciones, el consultor ha explicado que “con la profundización de la agenda internacional en la empresa y los derechos humanos (DDHH), las compañías empiezan a ver que aquello que no hacen tan bien se pone en la agenda”. Los DDHH empiezan a formar parte de los mínimos de las empresas. Esto implica una discusión internacional para que los países creen planes nacionales de empresa y DDHH, como Colombia o Suecia.

Además, “se debe comprender el rol empresarial en la construcción de la paz” y que “el sector financiero incluya el tema en su agenda”. Pero uno de los puntos más importantes se basa en la “profundización en las cadenas de valor del deber de demostrar una gestión sostenible y respetuosa con los DDHH, evitando que las empresas se aprovechen de las legislaciones más laxas”.

Según los principios rectores de la ONU, los estados tienen la obligación de proteger, las empresas tienen el deber de respetar y el deber de reparar corresponde a las dos partes. Por eso, asegura Cano, las empresas deben actuar con “debida diligencia”  es decir, evaluando el impacto real y potencial de sus actividades en los DDHH, implementando la política en la gestión empresarial y haciendo seguimiento y reparación de los posibles abusos.

Para Cano “la inversión sostenible no solo se fija en los criterios éticos, sino también en los estratégicos”. Ésta inversión creció un 65,4% entre 2011 y 2013 y en 2014 llegó a los 13 trillones de dólares. Otro punto clave es la urgencia de crecer exponencialmente y al elevado ritmo de crecimiento actual –comparado con otros periodos de la historia de la humanidad- y la urgencia de escalabilidad.

La segunda parte de la sesión contó con una ponencia de la directora de comunicación de Unilever España, Ana Palencia, que presentó el Plan Unilever para una vida sostenible, diseñado “para duplicar el tamaño de nuestro negocio a la vez que reducimos el impacto medioambiental e incrementamos nuestro impacto social” en los 190 países donde se encuentra la compañía.

Por eso cuentan con tres grandes objetivos para el 2020 “ayudar a 1.000 millones de personas a mejorar su salud y bienestar, reducir a la mitad el impacto medioambiental de sus productos y garantizar que el 100% de sus materias primas procedentes de la agricultura sean de fuentes sostenibles”.

Palencia ha explicado que cada año reportan los resultados y “en 2015 habíamos ayudado a 393 millones de personas, 55% de nuestras materias primas eran de fuentes sostenibles, pero nuestros resultados no son tan positivos en la reducción del impacto medioambiental”. Aunque “todas las fábricas y oficinas de Europa no generan residuos, la mayor parte del impacto medioambiental proviene del uso del consumidor, por lo que fallamos en la educación a nuestros consumidores”.

Otro punto clave de la ponencia de Palencia es basó en explicar los intereses de una gran empresa para trabajar con objetivos sostenibles. “Ganamos con el cliente y los clientes nos prefieren, ya que buscan productos respetuosos, no siempre es más caro ser sostenible por lo que hay un beneficio-coste evidente, crecemos en I+D+i y también innovamos”.

La directiva puso diferentes ejemplos, como el de la marca alimenticia Knorr que cuenta con 12 indicadores para medir si sus verduras y hortalizas son sostenibles o un plan de formación en técnicas sostenibles para sus agricultores. Gracias a ello, han reducido el CO2 emitido en un 22% y el consumo de agua se ha reducido en 1,5 millones de litros por hectárea y por año.

Por su parte, desde Frigo han impulsado la creación de 10.000 puestos de trabajo juvenil en toda Europa antes de 2020. El año 2014 se crearon 400 empleos y se recibieron 25.000 solicitudes.